difuso y estacional - amalgama2

lamalgama

¡Cabreaos! (Enervez-vous!)

martes, 18 de octubre de 2011 by lamalgama


No estoy indignado, estoy cabreado. Desde que Stephan Hessel pusiese su grito de indignación por escrito, y comenzase a rodar una creciente bola mediática en torno al librito de 32 páginas en que exhortaba a los jóvenes de todo el mundo a descubrir el funcionamiento del mundo, en una cómoda dosis individualizada de indignación, muchas cosas han ido pasando en estos meses de avanzada miseria. Hessel, excombatiente de la resistencia francesa en la Segunda Guerra Mundial, abre así los ojos de un adormecido pueblo, que hasta el momento venía meciéndose en el columpio del conformismo, del moral y el de facto, dejando el transcurrir de los hechos en manos de esos entes que parecen no tener rostro, perdidos en las sombras que creemos existen mucho más allá de los hilos que intuimos salen de las mangas de los que dicen representarnos.

Hessel nos lo dijo, esto va mal. Somos ahora capaces, porque él nos alumbró, nos dio las herramientas, para diferenciar entre el blanco y el negro, entre lo que es bueno y lo que es malo. No existen aquí, para esta progresiva ola de indignación, los movimientos sociales tradicionales que viniesen denunciando esas mismas injusticias y vejaciones a la ética y la justicia del mundo, nunca existieron las corrientes de pensamiento alejadas del sistema, que desde hace más de 30 años denuncian con fuerte vehemencia la podredumbre de los valores que mueven el mundo, desde el movimiento anarquista al ecologista, desde el sindical al antipatriarcal, desde el anticapitalista al antiglobalización. Nunca han existido, nunca han tenido discurso, porque así lo asumimos por dictado de los mismos medios que ahora aúpan un encorsetado grito de indignación salido de las mismas entrañas del poder. Hessel es el sistema, y él ahoga el grito de la verdadera indignación.

Fuera las banderas y los símbolos, todos a una en la hipocresía moral del apartidismo ideológico, por el bien común de la indignación, como si ambas cosas fueran excluyentes, como si la historia nos hubiese demostrado la inexistencia de la unidad entre las diferentes caras de la resistencia al sistema, porque nunca existió. Mentiras y falsedades con un origen común, el encarrilamiento del creciente y generalizado cabreo de la base explotada contra quien le explota en un concepto que excluye la posibilidad de una resistencia real. El mismo aborregamiento y alienamiento que brota del tubo catódico desde que el poder lo tomase como vía de sometimiento intelectual, la misma enseñanza con que a diario siguen condicionando las posturas morales de una población drogada por los excesos del circo y la evasión. Un condicionamiento que no sirve igual en Roma que en Atenas, en Barcelona que en El Cairo, en Irlanda que en Palestina, donde en un sitio es guerra, en el otro es paz, todo servido siempre a los intereses del poder, de qué otra forma puede ser.

Se abuchean las posturas tradicionales de los movimientos antisistema, se exigen los logros que ya se tienen, pero de los que no se participa, se mezcla todo en un puré ideológico en que uno no puede estar marcado por su propia historia, como si el pasado nunca hubiese existido. El odio y la furia son sentimientos tan sinceros y honestos como el amor y la bondad, todos somos partícipes de ellos en bastante más de una ocasión a lo largo de nuestra existencia, de nuestra existencia personal y nuestra existencia histórica como especie y pueblo, y a lo largo de más de 14.000 años de modelos fracasados y exitosos de organización social, nos hemos ido dotando de herramientas para encauzar con mejor o peor tino dichos sentimientos, y el cabreo existe, igual que existió y que irá existiendo conforme los hechos nos vayan demostrando aquellas caras que se ocultaban en la sombra, conforme la miseria vaya envolviendo unas vidas que un día pensamos prósperas.

La indignación sólo esconde el miedo que el verdadero poder tiene a la masa organizada, a la masa consciente de que lo es. La indignación obedece al embrutecimiento de la masa que describiese Ortega y Gasset, sólo pendiente de la libre expansión de sus deseos vitales y una radical ingratitud hacia cuanto ha hecho posible la facilidad de su existencia, el quiero y no puedo de una sociedad tradicionalmente acomodada. Corrompido concepto que sólo oculta el deseo de una parte para que el cambio en el sistema sirva para que todo siga igual, que aleja al individuo de su verdadero compromiso de cambio interno, y aceptación de unas reglas de juego sustancialmente diferentes, que le coloquen a él como parte directa, implicada, en una guerra cuyo coche de combate es el carro de la compra que cimenta el orden establecido.
Nos pertenece por tanto, a todos nosotros, el poder encaminar nuestro conocimiento sobre el funcionamiento de las cosas, a un sentido cabreo que nos posicione como verdaderos elementos de cambio, de poder frente a la minoría dirigente, salidos de toda lógica que beneficie los anclajes del sistema que muchos, desde mucho tiempo atrás, venimos denunciando por cuanto someten al 80% de la población humana a la opulencia del 20% restante.

Seamos cambio, abandonemos nuestra acomodada y dirigida indignación, y pasemos al siguiente estado de ánimo, el que tan fervientemente se empecinan en negar, el legítimo cabreo que nos corresponde por la secuencia histórica de injusticias que vimos y ahora padecemos, no se indignen, cabréense.

EQUO, la cuestión energética y el panorama político actual: una visión personal

lunes, 17 de octubre de 2011 by lamalgama







A raíz del debate generado en la entrada “Un hito decrecentista”, que ha derivado en algo que no debiera haber derivado, se me pide que moldee y edite un comentario escrito en el debate a raíz de una animada discusión sobre EQUO abierta por la contertulia Anarchy, y que según parece puede servir de buen reflejo del panorama político actual y su relación con respecto a la verdadera problemática a la que nos enfrentamos, pero como no quiero que se pierda la esencia consustancial del mensaje puro y limpio alcanzado en el calor de la tertulia barriobajera, me limito a añadir alguna que otra palabreja y quitar alguna que otra expresión (amén de numerosas faltas de ortografía), cosa que no tiene nada que ver con mi natural pereza crónica, así que no se diga…


Antes de nada, que quede bien claro que no quiero parecer que esté haciendo aquí una defensa numantina de la opción política ecologista, ni les represento, ni me representan.


En el debate sobre la finitud de los recursos como causa de fondo de la actual crisis de la que no saldremos nunca (por mucho que muchos se empecinen en ver y decir lo contrario), en ningún momento digo que la esperanza esté puesta, o que haya que depositarla, ni en EQUO, ni en IA, ni en el Partido de los Pringados, ni en el Anarquismo Libertario, ni en la misma virgen María, que quede bien claro, yo no tengo esperanza, no la hay, no creo que la haya, para que exista una salida ordenada y no traumática ante el callejón sin salida en que nos encontramos, a no ser que seamos capaces de aprender a volar autónomamente y venzamos la fuerza gravitacional que nos empuja irremediablemente hacia el josconcio padre que nos vamos a dar.


Ahora bien, que hay grupos de personas, constituidos en grupos políticos, con mayor videncia que otros en este tema, es así, y es una falacia decir que las propuestas de estas personas vienen más o menos recogidas en el programa de cualquiera de las izquierdas, por la sencilla razón de que este tema ni tan siquiera se habla, porque para empezar, ni siquiera se entiende, no es esta una cuestión de respeto medioambiental, no, no lo es, ni por asomo. Es una cuestión acerca de si el ser humano, como ente que vive en sociedad, está capacitado, dadas las herramientas y recursos con los que cuenta, para asegurar unos niveles de vida óptimos para la actual población, aquí y en Pekín. El mero hecho de debatir, cuestionar y hacer propuestas sobre la finitud del modelo de crecimiento, es un acto profundamente antisistemático, por muchas ampollas que despierte la palabra, y créanme que cuando uno entiende verdaderamente el problema y comienza a dar soluciones (paliativas), va mutando poco a poco en anarcoprimitivista, y ese análisis, si uno se fija un poco en las estructuras internas abiertas de los grupos políticos en el Estado Español, sólo lo hace EQUO e Izquierda Anticapitalista, bueno, y Bildu, todo hay que decirlo.


Por lo que vengo padeciendo en los numerosos ataques que percibo contra EQUO por parte de amistades, conocidos, desconocidos, y articulistas de la red, los tiros son los mismos que siempre se ven en esa radiografía hispana de dividirlo todo entre lo bueno (lo mío) y lo malo (lo de los otros), por lo que profundizaré un poco más en esta línea, aunque no sirva para nada. Para ello me serviré del artículo que la contertulia Anarchy recomienda. Pues muy bien lo que dice, nada nuevo. ¿Que el poder corrompe? coño claro ¿nos hemos caído de un nicho? pero no hace falta irse hasta el caso de Los Verdes alemanes, aquí en región patria tenemos numerosos casos, desde el PSOE alias “de entrada, no”, al reciente Bildu donostiarra que abraza la Caspitalidad tras haberse cagado en su nación, pasando por el caso más castizo y local de la transustanciación de IU a la fe verdadera de Cristo Rey. Eso sí, hay que reconocer el único caso patrio de inquebrantación de los ideales estatutarios, ideológicos y pollilógicos que representa el Partido Gaviotero, esos vienen cabrones de fábrica y cumplen con sus promesas sin despeinar ni un milímetro su fina raya peluquera, será por la gomina.


Pues claro, los partidos políticos son herramientas del verdadero poder, el financiero, para hacer con más o menos soltura las cosas que a ellos les conviene, y para eso, ni sistema parlamentario ni elecciones cuatrienales, ni pollas en vinagre, horcas a la calle, revolución verdadera, y transición popular hacia un modelo autogestionario, sería mi deseo… Pero lo que hay es lo que hay, y puestos a hablar de política, pues habrá que analizar, desde esta perspectiva económica, energética y ecológica, las propuestas que dan unos y otros, los foros de discusión que usan unos y otros, y valorar, y una vez más, ni por asomo todos son iguales, y por lo que yo conozco, repito, son Izquierda Anticapitalista y EQUO. ¿Que en EQUO hay capullos? Que alguien me diga un sitio donde no los haya ¿o existe la pureza en sociología? ¿que quienes dan la cara no gustan en la izquierda verdadera? ¿todos no gustan? ¿quién es aquí el autoabanderado de la virtud ideológica? que alguien lo señale y lo encumbre a los altares ¿que los vínculos políticos que salen en prensa son muy feos? ¿son esos todos los vínculos políticos? ¿tan lista y objetiva es la gente para saber con exactitud cuáles son esos lazos y con quién? por lo que yo sé, en EQUO se aglutinan las dos grandes corrientes políticas del ecologismo, la ecología social y la ecología conservacionista, más la suma de un amplio número de personas a título individual que vienen desde el movimiento social y la ciencia e intelectualidad comprometida. A mi juicio tienen demasiado peso los “conservacionistas”, que son los que tantas sospechas neocapitalistas levantan, pero de ahí a tildar a EQUO como partido neoconservador, hay un abismo, máximo cuando aún anda en pañales, en un proceso fundacional que será aún largo y profundo, y al que de momento puede sumarse quien le dé la real gana.


Repito una vez más, a mí EQUO no me quita el sueño, pero sí me lo quita el ansia por la segregación y la diferenciación de proyectos que dada la actual situación podrían abanderar causas comunes. Es ese “la mía es más gorda”, que me causa espanto por uno y otro lado, por la necedad y ceguera que supone hacer enemigo al compañero.


Este artículo se publica conjuntamente en La Colleja