difuso y estacional - amalgama2

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En la ciudad de los discretos el tonto es el rey

jueves, 29 de septiembre de 2011 by lamalgama


Vomiteras...

Hay días en que uno desearía no haber recibido esa educación cristiana con que poner la otra mejilla cuando asume la bofetada del compañero, en que prefiere sacar las más oscuras vísceras de odio, moldearlas como si de barro se tratase y crear una bola de fuego con la que destruir cosas, personas, entidades, ideas, o cualquier otro engendro con que el maligno se hace presente a diario en este mundo que nos ha tocado vivir. Hablo de la estupidez. Decía Jack, o Tyler, o la conciencia metafísica de ambos en El Club de la Lucha, “quería destrozar algo hermoso”. Cuánta razón, así me siento hoy, ayer, y seguro que es un sentimiento que irá creciendo en mí conforme la realidad de los hechos cotidianos vaya ensombreciendo y empequeñeciendo las estupideces que se cometieron en el pasado.

Si el mundo camina hoy hacia el precipicio, o más bien corre ya sobre el abismo a la espera de que la gravedad haga lo que tiene que hacer, movido por el motor que nuestra propia estupidez nos dicta, ese “apaga el fuego con esta estupenda ración de queroseno”, aquí, más localmente, en esta Córdoba con tanta toponimia como caspa mora sobre las cúpulas del poder, en esta Salmorejistán de Hostecor, esa Sandokania que refleja la mafia bandolera del perol, la peña y el ladrillo, o la Parseland  del amigo del cuñao sobrino del vecino que todos tenemos, aquí, en esta miserable tierra de mariasantísima que escupe santos a las calles cada fin de semana, la idiotez del género humano adquiere rango de paradigma para la gran catástrofe malthusiana que el mundo ha de ver. Si ya la izquierda local dio sobradas muestras de incontenida gilipollez, dando pábulo y consintiendo el avance de la mugre social enraizada en esa mezcla de aristocracia mediocre del XIX y un esperpento desaforado de la sociedad de consumo con denominación de origen propia, ahora, con la derecha más rancia que tenemos el placer de contemplar desde aquellos tiempos que uno no vivió (pero con compañeros de maternidad que se empecinan en querer revivir como protagonistas), hacemos de nuestro perolistic life style el sueño de un mañana mejor para la globalidad de la estupidez contemporánea.

Si en el futuro aún existe el perfil de historiador, pondrá como epicentro mundial del cambio de tendencia hacia la miseria globalizada a este rincón del mundo, volviendo a ser lo que un día fuimos. Asistimos aquí al encumbramiento del ladrón, contratamos al pirómano para apagar el fuego y nos permitimos el lujo de dibujar realidades que avergonzarían a cualquier piedra si estas tuviesen conciencia de sí mismas. Hacemos del esperpento nuestro modus vivendi y alimentamos y vivificamos el sentido común de la ciudad a base de sobredosis continuadas de etorfina, todo bien remezclado en partidas ingentes de incienso  eclesiástico. Una ciudad de purpurados, de narcocofrades y patillones, de sobaco reseco, de olor a fritanga requemada que sale de la trasera del Ayuntamiento, esa ciudad en la que el tonto es el rey, que se encargó, por acción y omisión de quienes tuvieron la oportunidad, del exterminio de una luz que apenas se encendió.

Pondría ejemplos, pero la simple apertura del periódico de la mañana es muestra sobrada de lo que hablo, combustible suficiente o excedente para ese creciente odio hacia la clase dirigente, al vecino incompetente y la colectividad dominante, donde el macho α tiene rostro de ladrillo con un mondadientes roído desde el comienzo de los tiempos. Hoy es uno de esos días en que más vale el vómito voluntario que la liberación del instintivo acto de la selección natural.

...que alguien me pase una servilleta, y un poco de oraldine...