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Yonki Crudo

miércoles, 27 de julio de 2011 by lamalgama


Hoy es uno de esos días en que la realidad de pensamiento golpea a la realidad física, uno de esos días en que el circo mediático aturde la razón mediante el ejercicio profesional del atolondramiento ciudadano. ¿El tema? El que siempre me anima a escribir, la fe ciega en el poder tecnológico para intentar demostrar que todo va bien, que todo funciona y seguirá funcionando estupendamente. Se desayuna uno con la siguiente frase: “Como maná caído del cielo; como manantial en el desierto; como el descubrimiento de Eldorado en forma de gas... El mercado de la energía está revolucionado. La razón: los adelantos tecnológicos de los últimos años han hecho posible extraer hidrocarburos allí donde se pensaba que solo había pozos agotados. Resultado: los hallazgos se suceden, la estimación de reservas crece como la espuma en medio mundo, las posibilidades de negocio se disparan y la especulación empieza a sacar la cabeza.Santiago Carcar, La energía encuentra su nuevo Eldorado

Pues qué bien ¿no? Todo está atado, todo marcha bien, todo funciona, todo… ¿todo? Veamos, ¿no inquieta ese primer párrafo con ese aire a profecía bíblica? ¿no preocupa que se recurra a un lenguaje más propio de la magufería de La Tienda en Casa? maná, revolucionado, Eldorado, adelantos, espuma, negocio… joder qué miedo, anuncios de la Power Balance en plena sección de Sociedad de El País.

Abordémoslo hijos míos. Efectivamente, los adelantos tecnológicos a los que hace mención el artículo, fundamentalmente el llamado fracking, que no es más que la perforación hidráulica a alta presión con aditivos químicos altamente corrosivos, tiene la nada desdeñable edad de 64 años, lo que la convierte en el adelanto puntero de más antigüedad junto al cine en 3D. Tecnología punta oiga. Efectivamente, el uso en masa de estas técnicas de extracción, así como la perforación en tipologías geológicas hace décadas impensables, como las de aguas profundas, han ido en los últimos años salpicando periódicamente las portadas del periodismo de Estado con nuevos descubrimientos que conseguirían asegurar el consumo energético mundial durante, atención ¡¡¡todo un día completo!!!, aunque maquillado claro del anumerismo que denuncia Antonio Turiel en esta didáctica presentación del problema al que nos enfrentamos.

Obvia el artículo hacer mención expresa al preocupante hecho de que la industria energética se esté viendo obligada al uso de este tipo de técnicas para buscar los residuos gasísticos de yacimientos ya abandonados, la viva imagen del yonki que se inyecta la jeringuilla ya usada, de quien requema la cuchara ya quemada intentando disolver el jaco de peor calidad, de más difícil combustión, pero bajo cuyo mono cree haber descubierto una fuente inagotable de nuevos placeres cósmicos. La pregunta es simple por obvia ¿no será que se vuelve a yacimientos ya abandonados porque no hay más donde buscar? Si ya consumimos en el pasado el petróleo de mayor calidad y más fácil extracción ¿no estamos ahora llevándonos a la boca la peor mierda que desechamos en un primer momento? ¿no debería eso hacernos reflexionar acerca del manifiesto agotamiento de nuestra fuente energética primaria antes que hacer sonar las campanas por la apertura de muy tímidos frentes de negocio energético?

Obvia y reobvia un concepto tan desconocido por todos los vendedores de humo energético como es el de la Tasa de Retorno Energético, esa clave de la cuestión de los recursos que marca hasta qué momento es viable seguir extrayendo crudo de un determinado yacimiento. El resumen, otras veces visto, es la cantidad de energía que es necesaria invertir en el mismo para extraer una unidad energética equivalente, en el momento en que esa relación es 1:1, el procedimiento torna en absurdo y por las leyes del mercado se abandona irremediablemente. Si la inversión energética necesaria para producir menos cantidad de energía que en el pasado (al ser más cara la extracción y ser esta de peor calidad) se incrementa por el proceso energéticamente más complejo y costoso, no tardamos en concluir que se están dando pasos alocados que quedan más bien retirados de esa revolución energética con que el señor Santiago Carcar nos saluda hoy.

Inquieta especialmente la segunda parte de la afirmación antes dicha “Resultado: los hallazgos se suceden, la estimación de reservas crece como la espuma en medio mundo, las posibilidades de negocio se disparan y la especulación empieza a sacar la cabeza.” ¿No le ha dado al articulista por consultar antes de soltar tal barbaridad la evolución real en el descubrimiento de nuevos yacimientos petrolíferos de los últimos cien años? ¿no? Consúltela aquí, que no es tan complicado acceder a esos datos. ¿Tampoco le ha dado por conocer el porcentaje que la extracción de petróleo no convencional, así como su evolución en el tiempo, supone realmente? De nuevo, aquí tiene otra gráfica. ¿Es realmente ese el nuevo Eldorado energético? Yonki, que es usted un yonki, más que yonki.

Y ya para rematar de obviar cosas sin importancia, pequeños matices que el empleo de este tipo de técnicas conlleva, está el de la cuestión ambiental. Y es que entre los aditivos químicos necesarios para la disolución de la roca para que el agua penetre y extraiga ese crudo incrustado, se encuentran determinados ácidos compuestos de arsénico, cobre o vanadio, que ponen en solfa la seguridad del sistema extractivo, tal y como queda recogido en numerosos artículos que pueden encontrarse por la intenné, como este publicado en el New York Times el pasado 16 de abril. Menudencias, sólo menudencias sin importancia.

En fin, la misma historia de siempre, el mismo tecno-ego que impide ver la realidad física del mundo en que vivimos, la misma incapacidad para entender que esta es una crisis de recursos de la que no saldremos nunca, ese continuo estado de negación de las etapas de Kubler-Ross, pensando, imaginando y defendiendo hasta la saciedad una cornucopia que nunca llegará.