difuso y estacional - amalgama2

lamalgama

mi papá me mima, mi mamá me ama

lunes, 16 de febrero de 2009 by lamalgama

Mi papá es un señor mayor que yo, con bigote y tricornio de la guardia civil, alto guapo y valeroso. Mi papá ama a la patria y besa la bandera. Mi papá ama a mi mamá y la quiere mucho. Mi papá es muy trabajador, y ama tanto a su trabajo y a su patria que no le importa dar su vida (o la de otros) por un sueño, un sueño de una España unida y fuerte. Porque mi papá hace algunos años se vistió de mago e intentó hacer realidad sus sueños. Mi mamá y yo le acompañamos en tan valerosa fazaña, los dos callados sin saber muy bien qué decirnos. Todo por España decía él. Yo luego me metí a cura. Qué bonitos eran aquellos tiempos, qué grande y alto era mi papá. Hoy sigue siendo alto, pero ya menos que entonces. Su bigote no me gustaba mucho, me pinchaba cuando me daba besos, aunque no eran muchos, la verdad. Mi papá era y es muy valiente, él sólo se enfrentó a un ejército de malvados moros que tenían prisionera a una señora que se llamaba Cortés. Eso no lo entendí muy bien nunca, Cortés es nombre de chico. Tuvo que hacer frente a dos poderosos leones, grandes como molinos de viento. Luego hasta salió en la tele, y todos los años le recuerdan tan gran aventura, aunque creo que no cuentan del todo la verdad, nunca dicen lo de los leones. Al final mi papá consiguió su sueño y se retiró a la playa con mi mamá. Yo voy a verlo cada vez que puedo salir del seminario, y nos tomamos pastas con el té mientras guardamos silencio. ¡Qué gran hombre era mi papá!

Redacción de un mozo de 25 años sobre su papá inspirada en esta otra.

libertad de opinión, libertad de agresión

jueves, 5 de febrero de 2009 by lamalgama

Hace un tiempo hablaba con un buen amigo sobre la libertad de opinión, sobre el derecho de todos nosotros a expresarnos libremente y a que dicha opinión sea tenida en cuenta, sea la que sea. Él, un tanto malhumorado pero no sin razón me defendía que vale, bien por el derecho a opinión pero no al derecho de baremar por igual cualquier comentario, y es que en efecto una opinión de alguien no es más valida que la opinión de otro dependiendo de múltiples variables como contenido, formación del que opina, y tiempo del opinador dedicado al tema en cuestión sobre el que se opina entre otras muchas.

Esta conversación venía motivada por numerosos desencuentros de este amigo mío al intentar explicar
entre el populacho (dignos comentadores de 20 minutos o Diario Córdoba) un tema por el que él siente especial preocupación. En efecto me consta que su postura era irrevocable por jugar con obviedades del calibre 2+2=4, y ante las que se empotraba contra muros de libre opinión donde se afirmaba que no, que 2+2, dependiendo de las condiciones y en especial del intelecto humano podía resultar en 5, 6, 7 y así hasta el infinito (\infty). Con esta misma lógica podríamos acordar que lo único que tiende a infinito es la estupidez humana, y que en multitud de ocasiones la libertad de opinión es sinónimo exclusivo de libertad de agresión, bien por atentado contra la capacidad de raciocínio del ser humano, bien por agresión verbal directa contra el que se opone ante tan apabullantes opiniones.

Todo ello liga con cierta polémica que esta semana ha tenido lugar en los medios de entetanimiento españoles (a los cuales ni incluso desde Holanda consigo escapar), entre un gran payaso del mundo del espectáculo como es el genial Gran Wyoming y entre un aspirante a purpurado neoliberal periodístico, una mezcla de Emilio Aragón y Fedeguico Guiménez Losantos. La historia de sobra conocida deja en evidencia y paños menores (o abiertamente con la lefa colgando del labio inferior del menda de la televisión ultraconservadora esa) los métodos periodísticos de este sector pezonil de esta España nuestra. A costa de ella ocurre lo que antes mencionaba, escondidos en la libertad de opinión (información ¿?) se disparan no otra cosa que auténticas balas en la nuca de quien intenta denunciar los sucios métodos del tercero, perfectos rifles de ese derecho manipulado hasta la libertad de agresión. No obstante, avispado lector, ya pensará que de esto siempre ha existido, y que entre unos y otros hemos dejado dicha libertad en trapo con el que urgarnos en la nariz.

El caso es que esto que ya se ha normalizado como normal, en ocasiones toca en especial la fibra de unos cuantos, y esto mismo en concreto es lo que ha ocurrido hace unos días con el por muchos querido foro de La Calleja de las Flores, al cual en más de una ocasión me he referido y al cual tengo hecha una sección especial de enlaces en la barra lateral del blog. Hace unos días el servidor dejó de estar activo y resultaba imposible el acceso al mismo. Esto ya había ocurrido otras veces y en un principio a nadie le extrañó, hasta que en un mensaje del administrador se contaba lo ocurrido. Según parece se había hecho un ataque directo contra la página del foro a base de saturar el ancho de banda del servidor por una petición masiva de registros (ataque DoS). Lo sucio de este asunto es que al igual que los ataques terroristas a los que los massmedia españoles nos tienen acostumbrados, en este caso alguien directo de Córdoba se alegraba de la caída del servidor a La Calleja en una llamada telefónica al mismo en representación de un grupo de la ciudad. Así pues queda claro el ataque directo contra la única página de información y opinión libre de que disponde la ciudad de Córdoba, y al parecer por gente de la propia Córdoba, sucios malvivientes de la cloaca cordobesa interesados en acallar las voces de repulsa que en multitud de ocasiones les había escupido directamente en su cara, y es que al fin y al cabo, la verdadera libertad de opinión escuece, y es entonces cuando la misma se camufla y disuelve en evidentes ataques contra los que sí queremos y defendemos otra manera de hacer las cosas. La Calleja es el único medio de información cordobesa nacido de sí mismo y construido por todos los que en un momento u otro hemos dejado allí nuestros pareceres, el único de todos los que hoy día ofrecen información y opinión cordobesa sin financiación propia, tan sólo el de la voluntad de unos cuantos de ofrecer ese otro punto de vista que lograse barrer tantísima caspa que envuelve la actualidad de esa en tantas ocasiones mísera ciudad.

El tiro en la nuca que se nos ha hecho nos ha dolido, y tú, mísero sicario, te has convertido en cómplice de la negra paloma que sobrevuela la ciudad. El cadáver no es tal, y en pocas horas se ha conseguido reorganizar en otra plataforma la corriente de opinión que formábamos y formamos la Calleja de las Flores. Así pues, La Calleja sigue viva y seguiremos opinando sobre lo que vosotros no queréis que opinemos. Os queda aún mucho que aprender. Sin más me despido de vosotros, y con mi más sincero cariño, ojalá os muráis, cabrones.



A la calleja le han dinamitado su centro de reunión, mientras estamos adecentando otro localito que rápidamente hemos hecho nuestra casa. Paseate por ella y difunde la nueva dirección: