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Otra versión de la Historia: una Roma empaladora

domingo, 6 de diciembre de 2009 by lamalgama

Existe en la particular historia humana y la de sus civilizaciones un singular episodio que muestra a la perfección la natural exquisitez de sus ansias naturales de supervivencia, es el de la ejecución de sus semejantes por el método de la tortura, intentando proporcionar al ejecutado una muerte lo más lenta y agónica posible hasta que este expíe su último aliento entre pensamientos de lamento, remordimiento por el mal cometido y en especial de cagarrina sobre el ejecutor, su madre y toda su nación.

Entre los grandes ejecutores por la vía de la tortura tenemos en tiempos recientes ciertos Estados de Oriente que cuentan para sus fines con la vía de la lapidación, otros “más humanos” que eligen la inyección intravenosa de cierto tipo de bromuro dejando de lado el sin duda mucho más cruel método de la silla eléctrica, otros algo más cabroncetes que tiraban a los acusados (seguro que por justa pena) desde unos “aviones de la muerte”, dictadorzuelos que escogían el fusilamiento y el garrote vil como castigo ejemplar, exterminadores en masa que hacían uso de cámaras de gas para la fábrica de jabón, auténticos genocidas que hacían uso de petardos graciosamente llamados Little Boy y Fat Man que causaron la posterior tortura física y mental de más de 200.000 personas, y alguno más del actual y pasado siglo que seguro se me pasan.

Anteriormente se habían llevado otros métodos de tortura más románticos como la Guillotina, o la sin duda mejor tira cómica del manual de la tortura ejecutada por los Tribunales de la Santa Ejecución, perdón, Santa Inquisición, que hicieron de los más de 600 años en que sembraron el terror irracional, la peor y más sangrienta época de la Historia escrita, sumando en todos estos años a los criminales más sanguinarios que la Historia haya podido contemplar, como el tristemente famoso Tomás de Torquemada o nuestro mucho más cercano Lucero el Tenebroso.

Pero anterior a todos ellos existió cierto Estado que contaba entre sus métodos de ejecución con la crucifixión como vía ejemplarizante por el robo de gallinas o el azuce de masas en contra del poder opresor. Así pues, la Roma Antigua copió e hizo suyo este método de ejecución y tortura, dando justa muerte a miles de innobles del Imperio Romano. Dio la casualidad, o la intervención divina según se mire, de que entre estos ejecutados figurase cierta personalidad que marcaría el camino de la condición moral de Occidente durante los siguientes 2.000 años, y todas las consecuencias que ello traería.

El caso es que a raíz de este infortunio, y la creación de una estructura paragubernamental de dimensiones globales, se creó un marco de pensamiento con influencias de poder nunca vistas hasta la fecha y que aún hoy día siguen más que vigentes, con privilegios antidemocráticos y una influencia social capaz de aleccionar a grandes masas de población. Todo gracias al símbolo que esta Iglesia de Dios ha manipulado a su conveniencia, la imagen sangrienta, visceral, cruel y masoquista de un bicho humano agonizando en supina verticalidad clavado a una cruz de madera, hasta hacérnosla ver como un elemento que refleja la humildad y la pía condición humana, siendo parte integrante de nuestra sociedad, en colegios, calles plazas y montes, juras constitucionales, y desfiles del Orgullo Religioso durante siete días al año, cabalgando imágenes sangrientas como honor al cambio de estación.

Y es aquí, dentro de todo este marco que he intentado dibujar, donde mi ajetreada mente intenta imaginarse qué hubiese sido de todo ese devenir histórico si en aquella Antigua Roma, en lugar del método crucificatorio se hubiese tenido predilección por el no menos sanguinario método del empalamiento que Vlad Tepes pusiese de moda hace algo más de 400 años. Qué hubiese sido de ese símbolo que la Iglesia de San Pedro hizo suya. ¿Hubiese llegado hasta nuestro tiempo? ¿Colgarían de los cuellos de numerosos creyentes en todo el mundo el desgarro anal ocasionado por el grueso palo en el cuerpo de Jesús de Nazaret? ¿Se juraría el cargo de Presidente del Gobierno cada cuatro años ante la figura de un hombre ensartado cual pinchito moruno? ¿Se llenarían las calles de Andalucía cada año de escenas propias de la película de serie B “Holocausto Caníbal”? ¿Serían nuestras escuelas hoy día contenedores de escenas tan despiadadamente crueles?

El caso es que visto así, tampoco veo tanta diferencia entre el crucifijo y el empalizado, y que lo más seguro es que sí, que el símbolo igualmente se hubiese asimilado, reafirmando lo estúpido de la condición social humana. Sólo me queda decir, crucifijos fuera de los espacios públicos, es una cuestión de higiene social.

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3 comentarios:

Paco Muñoz dijo...

Te lo he dicho personalmente pero ahora que la entrada es en tu blog mejor. Muy buena la entrada, digna de que la reciba el Obispo o el ex-director que, gracias a los romanos recibe una pobre pensión de 2,9 millones de euros al año, vitalicia para él y sus hermanas, y que le sigue -espero que por poco tiempo- pagando Cajasur a los guardaespaldas que lo llevan de su casa al bar a desayunar todas las mañanas en coche. Este indivduo ha incumplido todos los pecados capitales de sus normas.

Lisístrata dijo...

Ese tipejo es un pecador de la pradera, un mafioso en toda regla. y de haber sido los condenados a muerte, empalados en vez de crucificados, lo q te decía en twister, lamalgama, el símbolo fálico estaría en los sitios públicos, se hubieran visto y se las hubieran deseado para censurar su forma insinuante sexual, ejejej, por un "abujerito" me gustaría ver los cuentos enarbolados en torno a su camusflaje sheshuá. y al "señor" q cobra todo ese dineral a costa de la crú, po nada, desearle q le de en su sitio "uno" para q se lo coma como el "rabero un arao" (dicho de mi pueblo).

Estoy con Paco, muy buen artículo!

saluditos a los dos, pequeños, la lisis >:0]

オテモヤン dijo...

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