Sólo serán tres semanas las que estaré fuera, 21 diítas de nada, yo no sé cuantas horas y miles de minutos y millones de segundos los que me separarán de tí. Lejos de tus calles, tus gentes, tu flama, tu queja, tu resignación, tu río, tus puestas de Sol, tu Mezquita, tu Judería, tus adoquines, tus bicis, tus noches en la Corredera, tus kebabs, tus vargas con "r", tus noches de chanclas, tus cines de verano, tus autobuses llenos de abuelas dispuestas a sacarte una sonrisa, tu plaza de las Tendillas, tu paseo marítimo sin mar al que asomarse, tu mirador de la Asomadilla, tus barrios, tus noches flamencas, tu cielo estrellado, tus 42 grados en sombra día sí y al otro también, tu campiña (puerta de entrada al infierno), tus salamanquesas que buscan la luz de tus farolas, tu Cañero lleno de tu gente asentaica en sus tumbonas en plena calle, tus momentos que guardas para el que se para en Regina, tu salmorejo, mi casa.
Si queréis encontrarme durante tres semanas no estaré, pero dicen que en la calle del pañuelo se ha escondío un marroquí porque dice que le da miedo la vida fuera de aquí, no es un marroquí, seré yo sentao junto al canalón de la fuente recordando todo lo que me dejo por un tiempo. Que haya salú gente, nos vemos.
Si queréis encontrarme durante tres semanas no estaré, pero dicen que en la calle del pañuelo se ha escondío un marroquí porque dice que le da miedo la vida fuera de aquí, no es un marroquí, seré yo sentao junto al canalón de la fuente recordando todo lo que me dejo por un tiempo. Que haya salú gente, nos vemos.





